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Manos anotando observaciones al margen de un contrato impreso sobre un escritorio.
Jurídico · jurídico

Redacción y revisión de contratos

Contratos redactados sobre tu operación real, y revisión de los que te pasan para firmar antes de que los firmes.

Si estás acá

Te mandaron un contrato para firmar mañana y no sabés qué parte te puede salir cara.

El contexto

Un contrato es la descripción por adelantado de lo que va a pasar si algo sale mal. Cuando todo funciona, nadie lo abre. Por eso la mayoría se firma rápido, se guarda y se olvida.

El problema típico no es firmar un contrato malo. Es firmar uno que no describe el negocio que estás haciendo. Modelos bajados de internet, escritos para otro país y para otra operación, con cláusulas que suenan serias y no dicen nada sobre el plazo real, la forma de pago, quién responde por qué, ni cómo se termina la relación sin romperla.

Redactar bien es más barato que discutir. Ese es todo el argumento.

Contratos que redactamos y revisamos

Cada uno se arma sobre tu operación concreta, no sobre un modelo.

  • Contrato de trabajo en sus distintas modalidades, y acuerdos complementarios con el personal.
  • Prestación de servicios profesionales, entre empresas o con independientes.
  • Locación de inmuebles comerciales, con las cláusulas de mejoras, garantía y renovación escritas.
  • Compraventa de bienes y transferencia de fondo de comercio.
  • Distribución, representación y provisión, con exclusividad y territorio definidos.
  • Confidencialidad y acuerdos previos a una negociación.
  • Acuerdo entre socios, que convive con el estatuto y baja al detalle operativo.
  • Reconocimiento de deuda y acuerdos de pago, con la documentación que los respalda.

Por qué un contrato mal redactado se paga después

El costo de un contrato flojo no aparece el día de la firma. Aparece el día del desacuerdo, y para entonces ya no se puede corregir: lo que está escrito es lo que va a leer quien tenga que decidir.

Las fallas que más vemos son de omisión, no de redacción. Un contrato que no define qué se entrega exactamente. Uno que dice cuánto se paga pero no cuándo ni contra qué. Uno que no explica cómo termina la relación, así que termina cuando alguien deja de contestar. Uno que menciona una garantía sin decir quién la ejecuta ni sobre qué bien.

Ninguna de esas omisiones se nota mientras hay buena voluntad. Todas se vuelven caras cuando la buena voluntad se acaba. Revisar antes de firmar cuesta una fracción de lo que cuesta reclamar después, y ahí es donde de verdad se ahorra plata.

Cómo revisamos un contrato que te pasaron

  1. Entender el negocio primero

    Antes de leer el texto preguntamos qué hacés, qué te prometieron y qué esperás de esa relación. Un contrato solo se puede juzgar contra el negocio que debería describir.

  2. Leer lo que falta

    La primera pasada no busca cláusulas malas: busca huecos. Qué situación previsible no está contemplada en ninguna parte.

  3. Marcar el riesgo en tu idioma

    Te devolvemos el contrato con las observaciones señaladas y explicadas sin tecnicismos, separando lo negociable de lo que no deberías aceptar.

  4. Proponer la redacción alternativa

    Para cada observación va un texto concreto de reemplazo. Observar sin proponer no sirve para negociar.

  5. Acompañar la firma

    Revisamos la versión final antes de que firmes, porque en la última ronda es donde se cuelan los cambios que nadie volvió a leer.

La redacción y la revisión de contratos son un trabajo preventivo y documental. No incluyen representación judicial ni patrocinio en juicio.

Preguntas

Lo que más nos consultan

¿Sirve el contrato que bajé de internet?

Sirve para darte una idea de la estructura. No sirve para tu caso. Casi todos los modelos que circulan están escritos para otra legislación y para otra operación, y usan términos que acá no producen el mismo efecto.

El riesgo real no es que tenga una cláusula equivocada. Es que le falte la cláusula que a vos te importa. Un modelo genérico nunca va a contemplar el plazo de tu obra, la forma de pago que acordaste o el equipo que prestaste.

Si ya lo firmaste, traelo igual. Se puede revisar qué te obliga y, según el caso, corregir hacia adelante con una adenda.

La otra parte no quiere cambiar nada, ¿firmo igual?

A veces sí y a veces no, pero la decisión se toma sabiendo qué estás aceptando. Hay cláusulas incómodas que en la práctica casi nunca se aplican, y hay otras que te pueden dejar sin salida.

Lo que hacemos es separar el riesgo tolerable del que no deberías correr, y darte esa lista corta para que negocies solo lo que importa. Muchas veces la contraparte cede en lo importante cuando dejás de pedir todo.

Cerramos todo por WhatsApp, ¿eso vale como contrato?

Un acuerdo puede existir sin papel, y una conversación puede servir como prueba. El problema es otro: la conversación prueba mal. Está dispersa, mezcla temas y cada parte se queda con el fragmento que la favorece.

Si ya trabajaste así, conviene pasar a un documento lo que acordaron, aunque sea breve y se firme después. No es desconfianza: es dejar de depender de la memoria de dos personas.

¿Puedo usar el mismo contrato para todos mis clientes?

Sí, y en muchos casos es lo correcto. Si prestás siempre el mismo servicio, un contrato base bien armado te ordena y te ahorra tiempo.

Lo importante es separar la parte fija de la que cambia en cada cliente: alcance, plazo, precio y forma de pago. Cuando eso vive en un anexo, podés reutilizar el contrato sin volver a redactarlo entero y sin firmar por error las condiciones de otro cliente.

Contanos tu caso

Escribinos con los datos de tu situación y te respondemos con el alcance y el costo real del trabajo, sin vueltas.

Manos anotando observaciones al margen de un contrato impreso sobre un escritorio.

Consultar por contratos

Cuanto más concreto seas, más útil va a ser la primera respuesta. Los campos marcados son los únicos obligatorios.

¿Avanzamos con contratos?

La primera conversación sirve para entender tu situación y decirte qué hace falta. Si no es lo que necesitás, te lo decimos ahí.

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