
La contabilidad al día, no reconstruida en marzo
Registración al día, cierres que cuadran y estados financieros que se presentan a un banco sin explicaciones.
Casi nadie llama a un contador porque le interese la contabilidad. Llama porque el banco le pide un balance para el lunes, porque quiere saber si el mes cerró bien de verdad, o porque descubrió que una compra importante nunca entró a los libros. La contabilidad aparece recién cuando hace falta, y ahí ya es tarde para ordenarla con calma.
El trabajo de esta área es que eso no pase. Los comprobantes se registran cuando ocurren, no cuando se necesita el papel. Las cuentas bancarias se concilian, las diferencias se buscan mientras todavía se pueden explicar, y los libros quedan en condiciones de ser exhibidos si alguien los pide. Una contabilidad armada de apuro no resiste una revisión y tampoco sirve para decidir nada.
Lo que recibís no es una carpeta cerrada al final del ejercicio. Es un estado de situación que podés leer durante el año: qué le debés a quién, quién te debe a vos, cuánto cuesta sostener la operación y si el resultado que sentís coincide con el que muestran los números. Cuando llega el balance de cierre, no debería sorprenderte.
Seis cosas que tienen que cuadrar todos los meses
No es una lista de tareas del estudio. Es la lista de lo que hay que poder mirar cualquier día del año sin tener que reconstruir nada.
Los comprobantes
Compras y ventas se registran con su clasificación en el período en que ocurrieron, no en el que aparecieron. Un comprobante cargado tarde mueve el resultado de dos meses a la vez.
Las cuentas bancarias
Cada cuenta se concilia contra su extracto. Las diferencias se buscan mientras todavía hay alguien que se acuerda de qué fue ese movimiento.
Lo que te deben y lo que debés
Cuentas por cobrar y por pagar, con su antigüedad a la vista. Es la parte que casi nunca está armada y la que más rápido explica por qué hay resultado y no hay plata en la cuenta.
Los bienes del negocio
Altas, bajas y el desgaste de lo que se usa para trabajar. Sin eso, el activo sigue afirmando cosas que dejaron de ser ciertas.
La plata del titular
Retiros y aportes separados del resultado de la empresa. Mientras estén mezclados, ningún número de la contabilidad significa nada.
Los libros
Rubricados, impresos y archivados en condiciones de ser exhibidos si alguien los pide. Ese pedido nunca se avisa con anticipación.
Dos trabajos, uno detrás del otro
El primero sostiene el registro mes a mes. El segundo convierte ese registro en un documento que un tercero puede leer y creer.
Gestión contable
contableRegistramos, ordenamos y cerramos la contabilidad de tu empresa período a período, para que el dato esté cuando lo necesitás.
Estados financieros
contablePreparamos el balance y los informes que tu empresa necesita para presentar, para decidir y para que un tercero entienda tu negocio.

Un balance se arma rápido. Lo que no se arma rápido es la verdad que ese balance tiene que sostener.
Lo que más nos preguntan del área
Llevo todo en un cuaderno y en el WhatsApp. ¿Sirve de algo?
Sirve, y bastante. Es información real de tu negocio, que es lo difícil de reconstruir después. Lo que no sirve es como respaldo formal: un cuaderno no reemplaza al comprobante.
El trabajo consiste en ordenar eso y cruzarlo con los comprobantes, el banco y lo declarado. Ahí aparecen las diferencias, y las diferencias son lo que importa. Es más fácil corregir un negocio anotado en un cuaderno que uno del que no quedó nada.
El banco me pide un balance y nunca hice uno. ¿Se puede armar ahora?
Depende de qué tengas. Si hay comprobantes, extractos bancarios y lo declarado ante la DNIT, se puede reconstruir el período y armar estados financieros con respaldo.
Lo que no se hace es fabricar un balance para que dé lo que el banco quiere ver. Un estado financiero es una afirmación sobre tu patrimonio, y se firma. Si los números no alcanzan para lo que estás pidiendo, es mejor saberlo antes de presentarlo que después.
Mezclo la plata del negocio con la de mi casa. ¿Es tan grave?
Es el problema más común en negocios chicos y el que más cuesta desarmar después. No es una cuestión de prolijidad: es que sin separación no sabés si el negocio gana o pierde. Podés tener plata en la cuenta y estar perdiendo.
La salida no es dramática. Una cuenta bancaria para el negocio, un retiro definido para vos, y todo lo personal sale de ahí. En pocos meses de trabajo empezás a ver un número que significa algo.
Perdí facturas de compra. ¿Qué pasa con eso?
Depende de si eran electrónicas o en papel. Las electrónicas están en el sistema de la DNIT aunque hayas perdido la impresión: se recuperan. Las de papel, si no quedó copia, se le piden al proveedor.
Lo que no se recupera se pierde como respaldo, y eso tiene consecuencias en lo que podés computar. Por eso el orden documental no es una manía contable: es plata.
Mi contador me da un número a fin de año y no entiendo de dónde sale.
Un resultado que no se puede explicar no sirve para decidir nada. Si no entendés de dónde sale, no podés discutirlo ni usarlo.
La contabilidad tiene que poder abrirse: de dónde salió cada cifra, qué comprobantes la componen, qué criterio se usó. Cuando tomamos una contabilidad que viene de otro lado, lo primero es rehacer ese camino y ver si cierra.
¿Querés saber en qué situación está tu contabilidad?
Miramos lo que hay, te decimos qué falta y cuánto trabajo es ponerlo al día. Ese diagnóstico se hace antes de cualquier compromiso.


